Mosaicos y placas de talavera sobre bastidor, madera y acrílico espejo
Tinta, acuarela, hollín y papel calado sobre papel y algodón
Relieve en placas de barro y escultura ornamental
Mi obra propone una lectura contemporánea de la talavera desde una sensibilidad artística que desplaza el material de su uso ornamental hacia un territorio de exploración conceptual, pictórica y simbólica.
Mi proceso parte del diálogo con las técnicas tradicionales: la preparación del barro, los esmaltes minerales, los tiempos de secado y cocción. No como repetición, sino como una forma de relectura que busca desplazar sus límites.
Lo que me interesa es comprender estos saberes desde su estructura profunda para intervenirlos y expandirlos hacia nuevas posibilidades formales y simbólicas. La talavera deja de ser únicamente un objeto utilitario o decorativo y se convierte en un soporte para pensar el paisaje, la ruina y la memoria cultural.
Hay una idea general que ronda toda mi producción y es el concepto de Ruina, en un inicio abordado en torno a la arquitectura y el paisaje urbano y más recientemente entendido como un espectro que trastoca la forma de aproximarnos a la tradición material y los elementos simbólicos del paisaje.
Habitar la ciudad es habitar las ruinas de distintas temporalidades, esta idea viene de la arquitectura, pero fácilmente se puede aplicar a otros aspectos de la producción cultural, muchas de las imágenes y símbolos también son ruinas a las que volvemos para reconstruirlos y darles nuevos sentidos al momento de habitarles.
Mi obra es una forma de habitar esas ruinas desde el dibujo y se desdobla en distintos soportes, parte de asociaciones entre referencias simbólicas, visuales y materiales, de estas asociaciones construyo diagramas conceptuales, lo que para mí ya constituye una práctica constante de dibujo.
¿Cuál es el espectáculo que nos ofrece la ruina marginal de la provincia mexicana, hacia qué nos enfrenta y en qué momento concreto nos sitúa? Desde este cuestionamiento me interesa abordar el entramado cultural que constituye mi paisaje próximo, bajo esta lógica de ruina de provincia, la ruina marginal siempre indeterminada, que se demuele y reconstruye constantemente desde sus fragmentos.



Tlaxcala, México, 1985. Vive y trabaja en Xicohtzinco, Tlaxcala.
Su acercamiento al arte no ocurre como una decisión súbita, sino como una sucesión de eventos, lecturas y desplazamientos. Sin antecedentes familiares vinculados al arte, su ingreso a este campo se da como quien entra a un territorio desconocido, guiado más por la curiosidad que por la certeza. En ese tránsito, el arte comienza a configurarse no solo como una práctica, sino como una forma de pensamiento: un modo de observar, de ordenar la experiencia y de situarse frente a su tiempo.
Con el tiempo, su práctica se expande hacia el encuentro con los saberes artesanales y las tradiciones locales. La talavera, la alfarería, los textiles y las manifestaciones rituales aparecen no solo como referencias, sino como estructuras vivas de pensamiento y producción. En su trabajo, estos elementos son reconfigurados y desplazados hacia un campo contemporáneo, explorando su potencial más allá de sus funciones tradicionales.
Su obra se ha exhibido en museos y galerías de México, Estados Unidos, Italia, España, República Checa y Brasil. Ha sido beneficiario del FONCA Jóvenes Creadores en dos ocasiones y del PECDA Puebla en tres. Su trabajo forma parte de colecciones como la de Mario Testino en Londres, Alain Servais en Bruselas y el Museo de Arte Brasileiro en São Paulo.
En 2014 cofundó Mercado Negro Arte Contemporáneo, galería dedicada a la promoción de artistas jóvenes en Cholula, Puebla. Trabajando desde la periferia por elección, su práctica se sostiene en una serie de cruces entre tradición y contemporaneidad, entre oficio y experimentación.
Cada pieza comienza con una conversación